Amigos del Arte [Compañía Lírica]
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La Rosa del Azafrán | Los Gavilanes | La Tabernera del Puerto | La del Soto del Parral | Katiuska | El Cantar del Arriero | La Parranda
La del Manojo de Rosas | Gigantes y Cabezudos | Marina | Luisa Fernanda | La Alegría de la Huerta | Los Claveles | La Dolorosa | Antología Lírica

La Rosa del Azafrán

azafran La acción se inicia en una casa de labradores acomodados. Criados, gañanes y pastores están celebrando una fiesta en honor de su amo. Juan Pedro, gañán distinguido por su laboriosidad y honradez entona una copla que la intención enamoradiza orienta hacia Catalina, una criada de la casa. Pero a Catalina también la pretende Moniquito, un joven santero de la ermita.

El tema de conversación de la tertulia es ahora Don Generoso, loco porque perdió su hijo, y que capitanea su ejército carlista, cuyas filas están integradas por todos los críos del pueblo.

Sagrario, ama de la casa, defiende al pobre viejo de las cuchufletas de la reunión. Juan Pedro está alegre porque mañana empiezan los trabajos de siembra.

Sagrario se entera por Catalina de que Juan Pedro quiere hablar con ella, aprueba el ama, pero ordena que Juan Pedro salga aquel mismo día de la casa porque "no está bien mirao en el pueblo que dos novios duerman en la misma casa". Comunica al gañán la decisión de que se marche, pero no sin antes preguntarle como explican los hombres el amor.

El ama no ha tenido nunca novio. tiene fama de orgullosa y ningún hombre se le acercó nunca para decirle una palabra de cariño. Juan Pedro empieza a explicarse, y pronto Sagrario une su pasión a la de él. El ama pronto descubrió sus sentimientos. Pero Juan Pedro no ha comprendido que las palabras amorosas de Sagrario iban dirigidas a él, y en un encuentro con Catalina le pide una respuesta afirmativa a su amor.

La criada ha escuchado la conversación de Sagrario y Juan Pedro, y su intuición de mujer le ha hecho comprender más de lo que el gañán ha entendido en el impulso del ama, contesta a Juan Pedro con una negativa que decepciona al mozo. Como no habrá noviazgo, no hay ya necesidad de que el gañán se marche de la casa y cuando todos esperan que Sagrario pida a Juan Pedro que se quede, el ama insiste en que se vaya.

Juan Pedro y un grupo de mozos salen de noche a rondar a las mozas. Todos, creen que Juan Pedro va a cantar a Catalina, pero el gañán dice que es al ama Sagrario a quien quiere dedicar la copla. Llegan los rondadores a la casa del ama, donde se están realizando las tareas de mondar la rosa del azafrán, a las que cada hombre ayuda a la mujer que pretende. El ama Sagrario trabaja sin ayudador, y Juan Pedro, con intención, canta su copla. Sagrario se ofende y el mozo se cree despreciado por su humilde procedencia y se va, Sagrario, presa de nerviosismo suspende las faenas.

Juan Pedro salió del pueblo, pero vuelve hoy a dar el pésame a Carracuca que enviudó. Confiesa a Custodia, mujer del pueblo, que siente añoranza del lugar, y que ha comprendido lo imposible de su intención con el ama. Pero él quiere establecerse y casarse con una mujer del pueblo. Aparece Catalina, y Juan Pedro vuelve a declararle su amor, pero súbitamente sale el ama. Respetuoso el gañán, la saluda ceremoniosamente, pero Sagrario le dice que la llame por su nombre porque ya no es su ama. A preguntas de ella, Juan Pedro le descubre los sentimientos de amor que hacia ella tiene. Sagrario no puede ya más contener sus impulsos y le dice que ella también le quiere, pero las diferencias de clase les separan.

Con rabia le ruega que se vuelva a marchar. Juan Pedro ha decidido definitivamente alejarse del pueblo, pero ahí está Custodia que le propone un plan que hará posible el casamiento del ama y el gañán. Solo es necesario que finja ser el hijo perdido de Don Generoso. Juan Pedro se muestra reacio ante lo que él cree deshonroso, pero Custodia le hace ver que en la componenda no hay nada malo y que servirá para hacer la felicidad de él, de Sagrario y de Don Generoso. Efectivamente, el viejo loco recibe a Juan Pedro con los brazos abiertos y Sagrario que conoce la verdad dice que a si, y así se permite, la boda del ama y el gañán.


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Los Gavilanes

La obra se inicia en una playa desierta, está amaneciendo y a lo lejos se oyen los cantos de los pescadores. Aparece Juan, vestido al modo de los indianos, que contempla la escena con emoción y dirige la mirada hacia su aldea, que se divisa a lo lejos.

Al ver a los pescadores que se disponen a saltar a la barca se les acerca y se da a conocer, ante tal aparición salen de sus casas todos los pescadores y se organiza un gran jolgorio en torno al recién llegado. Juan ha regresado a su aldea y es noticia del año. Los parientes más cercanos, su hermano Camilo y su cuñada Renata, son los primeros beneficiados por la llegada del rico repatriado, que hacen cómica ostentación de las riquezas de su hermano, se ven en posesión de una rica hacienda y se dan humos ante sus convecinos que los miran entre estupefactos y burlones.

Aparece entonces Clariván, el alcalde, que al saber la noticia ha abandonado al instante los quehaceres para acercarse a la casa y ver de sacar provecho de las riquezas del recién llegado en beneficio del municipio y, en última instancia, propio. Todos vuelven a sus tareas, pero Clariván, escudándose en sus amistad con Juan, no quiere marcharse sin saludarle. El Jefe de los gendarmes Triquet también se ha acercado a la casa para hacer valer su vieja amistad con Juan y se estableciéndose una cómica rivalidad entre el alcalde y el jefe de la gendarmería local para ver quién de los dos es más amigo del indiano.

Triquet hace alarde de poder ante el alcalde amenazándole con ofrecer a Juan una solemne recepción, a lo que éste contesta con un ofrecimiento semejante, hará poner colgaduras a todos los vecinos del pueblo, y si las gentes no responden a su llamada hará colgar a todos los concejales, lo que a buen seguro haría las delicias de los aldeanos.

Las dos hijas de Camilo, que pretendían salir a pasear, son entonces reprendidas por su madre, que viéndose ya rica no puede permitir que sus hijas tengan amoríos con cualquier mozo del pueblo.

Acto seguido llega una multitud aclamando a Juan, que sale a saludar a sus conciudadanos, manifestando emocionado que el dinero nada vale al lado de un recibimiento tan gentil. Clariván y Triquet rivalizan entonces ante el recién llegado para presentarse como su mejor amigo de toda la vida, a lo que Juan, aturdido, responde confundiéndolos con otros amigos y provoca hilaridad entre los concurrentes. Todos se van a la taberna a celebrar la llegada de Juan menos el alcalde, el jefe de gendarmes y el homenajeado, que los invita a beber en casa de su hermano.

En medio de la tertulia, sale a colación el motivo de su marcha hacia el Perú en busca de fortuna y los amores con Adriana, una bella lugareña a quien su madre no dejaba casar con cualquiera. Para hacerse con una fortuna, regresar y poder así aspirar a los amores de Adriana, Juan partió para las Américas, aunque pronto se enteró de la boda de su amada con un rico que a poco falleció dejándola en la miseria.

Los parientes de Juan no ven con buenos ojos que éste piense en casarse por miedo a perder su ascendiente sobre el indiano y, por otro lado, a Juan le da mucho que pensar una copla que ha oído cantar, que refiere la dificultad que tiene el oro para comprar de verdad el amor.

Mientras reflexiona en ello se oye de nuevo la copla seguida de una canción de Adriana. Al oír la voz de su antiguo amor, Juan se acerca a su casa y se establece entonces un dúo amoroso lleno de recuerdos y temores que acaba venciendo el antiguo amor. Aparece entonces Rosaura y en ella descubre Juan a la joven que encontró nada más llegar al pueblo. Se despide de Adriana y furtivamente la sigue, pudiendo descubrir cómo retoza con Gustavo, un joven lugareño.

En la plaza de la aldea, a derecha e izquierda de la casa de Adriana, dos arcos formados de flores en las desembocaduras de las callejas. En uno se lee: “A Juan, los aldeanos y especialmente el alcalde” y en el otro: “A Juanito, los gendarmes, y más especialmente Triquet”, aparece una fanfarria patrocinada por el alcalde, que pretende de este modo ganarse los favores de Juan, pero se ve interrumpido por la llegada de la banda de los gendarmes encabezada por Triquet que intenta lo mismo que el alcalde. La rivalidad entre ambos es suavizada por la aparición de Adriana, que invita a los presentes a homenajear con amistad al recién llegado. Una vez finalizada la canción, cada uno de los hombres notables de la aldea despide a los comparsas respectivos, rogándoles que no tarden para la fiesta que se celebrará en honor de Juan y entre rivalidades constantes el alcalde va apuntando algunas de las ideas que florecerán en el discurso que tiene preparado para el descubrimiento de una lápida en honor del indiano.

En medio del entusiasmo de los dos contendientes, Clariván descubre a Adriana el verdadero motivo de la marcha de Juan hacia el Perú, el amor que sentía hacia ella y la imposibilidad de casarse por falta de fortuna. Adriana queda anonadada y deja correr la imaginación, pero sus fantasías se ven interrumpidas por su madre Leontina, quien años antes le impidiera los amores con Juan, que tiene otros planes para su hija y sobre todo para la nieta, casar a Rosaura con Juan y así remodelar su desastrosa economía familiar. Rosaura aparece entonces y su madre da muestras de unos crueles celos al descubrir que su hija está de mejor ver que ella.

No contenta con todo lo insinuado, Adriana recomienda a Gustavo, el joven enamorado de Rosaura, que vaya a los zarzales a cortar una rosa para Rosaura y se la ofrezca en prueba de su amor, cosa que el joven hace enseguida. A su vuelta, Gustavo entona la canta una bella romanza, lo que acaba de convencer a Rosaura y a las demás muchachas de las intenciones del joven hacia ella. Las jóvenes se marchan y ya solos, Gustavo se declara a Rosaura y la muchacha muestra sus sentimientos hacia el galán con tanta vehemencia que el alcalde, que pasa entonces por allí, tiene que llamar la atención a los dos enamorados.

Aparecen ahora Leontina y Juan ya puestos de acuerdo para conseguir el amor de Rosaura por los medios que sean necesarios y sin el consentimiento de la madre. Se solos, el alcalde y Juan manifestándose sus respectivos sentimientos amorosos pasados, a la llegada del inevitable Triquet, Juan deja entrever sus intenciones de casarse con Rosaura, acción que es desaprobada por el alcalde y el jefe de gendarmes a causa de la diferencia de edad que media entre ambos, pero Juan manifiesta que está decidido a llevar a cabo sus propósitos por el medio que sea, lo que enfurece a los dos prohombres de la aldea hasta tal punto que en el momento de iniciarse la fiesta en su honor las cosas van por otros senderos de los previstos en principio, el discurso tan bien bordado por el alcalde acaba siendo interrumpido de manera desaforada y finalmente aparece Gustavo decidido a denunciar los manejos de Leontina y Juan, ante el estupor de todos y la firme postura del indiano.

Días después en una sala en casa de Adriana, se esta apunto de celebrar la boda de Rosaura y Juan, es de noche Juan, Leontina y Rosaura, sentados alrededor de la mesa, Nita y Emma sirven vino a hombres y a mujeres, Renata y Camilo están sentados en sendas sillas ante la chimenea, tristes y cariacontecidos. Rosaura da muestras de gran abatimiento.

Llegan las gentes del lugar trayendo regalos y presentes a la novia. Renata y Camilo manifiestan su profundo desagrado por la boda de su hermano y la consiguiente pérdida de la posible herencia. Rosaura, entristecida por la situación, se aleja de la estancia. Juan pregunta entonces a Leontina sobre los verdaderos sentimientos de la joven y ella le contesta que, con el tiempo, le acabará queriendo. Asimismo, le confiesa que todo está atado, que Adriana no explicará a su hija los antiguos amores con Juan, y Gustavo ha decidido marcharse de la aldea.

Clariván y Triquet se despiden de Juan manifestándole que no piensan asistir a la boda por la infamia que supone casarse con una muchacha que no le quiere y que sólo le acepta por su dinero, tal como le sucedió a él en su juventud. Le recuerdan a Juan que, a causa de su situación, ya no le llaman “el Indiano”, sino “el Gavilán”, por lo que Juan, indignado, se aleja de la casa.

Todos se despiden con el firme propósito de no ir a la boda, aunque eso sí, no faltarán al convite. A solas Adriana y Rosaura, la madre ruega a su hija que no dude en hacerle feliz aun a pesar de que no lo merece, oyéndose la voz de Gustavo entonando una copla alusiva, al amor y al dinero.

Gustavo se acerca a la ventana de Rosaura para despedirse, pero no puede impedir que sus sentimientos florezcan y se establece un dramático dúo amoroso en el que cada uno de los enamorados muestra su desencanto ante la idea de tener que separarse. Gustavo propone a Rosaura la huída y le recuerda a Adriana que ella se vio en semejantes circunstancias, Adriana titubea ante el recuerdo y permite que Gustavo se lleve a Rosaura, pero cuando está a punto de llevar a cabo su decisión llega Juan rogándole que se la lleve, pero no a escondidas, que parecería un delito, sino a plena luz del día

 

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La Tabernera del Puerto

Comienza en el Puerto de Cantabreda. El lugar esta vacío. Se oye el canto de los marineros que entran en la taberna de Marola. En el café de enfrente Ripalda, el dueño, habla con Verdier. Abel, un simpático adolescente toca el acordeón y canta la hermosura de Marola, la tabernera. Nadie conoce su origen; sólo se sabe que un día llegó al pueblo y que un bandido le puso la taberna de cuyo producto vive. El bandido es Juan de Eguía un antiguo marino. Del café sale, borracho, Simpson, un marinero inglés que hace algún tiempo corrió el mundo junto a Verdier y a Eguía. Los tres hablan de la necesidad de convencer a Leandro –un pescador enamorado de Marola– para salir a lo que llaman dar un paseo, a pasar contrabando. Mientras, Antigua, la mujer de Chinchorro, hace una escena a su marido por estar en la taberna. Se produce el encuentro entre Marola y Leandro que se declaran su amor. Abel también se le declara, pero Marola le ve como un muchacho –lo que realmente es– y tratando de no ofenderle, le rechaza. Tras estas dos escenas, un grupo de mujeres rodean a la tabernera. En realidad todas las mujeres del pueblo están en contra de Marola porque los hombres la siguen. La joven se defiende de las mujeres y les echa en cara la falta de atención a sus maridos, pero quien realmente zanja la discusión es Juan de Eguía que, después de agredir a Marola, suelta una carcajada y se disculpa diciendo que hay que estar a bien con la gente.

En el 2º acto. El local está animado y Juan de Eguía, tras hacer cantar a la tabernera, hace lo propio y expone su filosofía sobre las mujeres. Abel aparece y cuenta que Juan maltrató a Marola, lo que indigna a los hombres que salen en busca del marinero para pedirle cuentas. En la taberna hay cuatro marineros, negros porque proceden de un barco de la escuadra americana, Simpson los despierta y denuncia el maltrato de estos hombres. Al terminar, Simpson pone a Leandro sobre aviso: Juan pretende, utilizando a Marola, que haga un transporte de droga sin nada a cambio; sólo la cárcel si es sorprendido. Leandro, que sigue enamorado de Marola, pregunta a la mujer cual es su origen y el de Juan: Marola lo cuenta: es hija de Juan y llegó al pueblo tras un naufragio. Leandro convence a Marola para que huya con él. La aparición de Eguía enfrenta a los dos hombres y Eguía termina prometiendo a Leandro la mano de Marola si hace el transporte de la cocaína.

Llegamos al 3º acto. 1ª parte. Leandro y Marola están en una pequeña barca cuando se desata una tempestad. Marola reza mientras el hombre trata de dominar la embarcación.

2ª parte. La taberna está cerrada. Abel canta y recuerda que Leandro y Marola fueron atrapados por la tormenta en la cueva donde está la droga y a la que solo se puede acceder por mar. Juan de Eguía, absolutamente entristecido, grita a todos que Marola era su hija. Pero Simpson trae la buena noticia de que Leandro y Marola viven y han sido rescatados. Eguía confiesa y es llevado ante la justicia con lo que la pareja queda libre.

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La del Soto del Parral

La acción se desarrolla en un pueblecito de la provincia de Segovia.

1ª Acto. Altozano con una casa de labranza; a la derecha de la puerta, un porche de madera con tejadillo que cubre los aperos. Hombres y mujeres del pueblo se dirigen cantando a una ermita. Bruno, apodado el Tonto, es objeto de burlas por unos zagales y los persigue con un palo. Se vacía la escena y entra Damián, empleado de la casa, con un costal de paja y disponiéndose a descansar, pero sale el Tío Sabino y le critica su pereza. Llegan ahora Catalina, también empleada y novia de Damián, y el Tío Prudencio, rústico con pretensiones de poeta que quiere leer una copla a Sabino y a la pareja. Sorprendidos por Aurora, ama de la casa, se van a sus quehaceres salvo Prudencio, que se dispone a escribir otras poesías cuando aparece Germán, marido de Aurora. Ésta le echa en cara que ha perdido su alegría, aunque él asegura que no ha cambiado. Germán entona una triste canción de amor.

Llega Miguel, dueño de la casa que Germán y Aurora están comprando con su trabajo, que viene a pasar una temporada en la casa porque sabe que Angelita, la mujer que ama, está en el pueblo. Daniel se tumba bajo un árbol y a poco llega Catalina, manteniendo un diálogo lleno de disparates amorosos. Se van y aparecen ahora Germán y Miguel; el primero dice al otro que Angelita no le conviene, pues tiene un pasado. Germán se va y Miguel decide ver a Angelita y decidir su destino.

Aparecen Catalina y Damián ataviados para la fiesta del pueblo; mozos y mozas pasan ante la casa y ejecutan un baile. Llega el Tío Prudencio y cuenta al Tío Sabino que Germán tuvo relaciones con Angelita, pero se casó con Aurora por conveniencia. Ésta lo oye, pero disimula, y Sabino no cree las palabras del torpe poeta. Aurora dice al Tío Sabino que lo dicho por Prudencio debe ser cierto, lo que explica la falta de alegría de Germán, pero ella, la del Soto del Parral, no dejará que se burlen ni murmuren. Cuando Aurora queda sola, llega Miguel excitadísimo: quiere matar a Germán, pero Aurora se interpone y el Tío Sabino se lleva a Miguel. Germán deja la casa y Aurora le hace saber que está enterada de lo suyo con Angelita.

2º Acto. 1ª parte.

Catalina trabaja en su ajuar de boda y mantiene un diálogo amoroso con Damián, pero llega el Tío Sabino, que estorba sus efusiones, y la pareja se va. Sabino, que es un mal curandero, recibe a unas mozas que acuden a su ciencia y les da sus rústicos consejos; después, llega Aurora y Sabino le indica que Germán no es culpable y aquélla recupera sus esperanzas.

Queda en escena Miguel y aparece Damián, a quien recuerda su próxima boda y que espera un regalo. Damián y Catalina se burlan del poetastro y él se enoja e insulta a la pareja con palabras que no entienden, aunque intuyen que parásitos es algo ofensivo y ahuyentan al poeta a silletazos. Luego, Germán y el Tío Sabino comentan que Angelita con quien tuvo relaciones fue con el padre de Miguel. Ahora entran Germán y Aurora, que se reconcilian después de un diálogo amoroso, pero llega Prudencio con un recado para Germán: Angelita le espera en cierto lugar, al amanecer. Miguel increpa a Germán y Aurora se interpone entre ambos hombres. Miguel coge la escopeta, pero el Tío Sabino se la arrebata. Llegan Damián y Catalina y varios mozos y mozas. Miguel y Germán se van para enfrentarse a solas.

2ª parte.

El Tío Sabino y el Tío Prudencio comentan el drama del Soto y el poeta afirma estar escribiendo un romance sobre los hechos. Ahora, con gran jolgorio, llegan los mozos y mozas rodeando a Damián y Catalina, que se casan. Aurora, sola, está entre los invitados. El Tío Prudencio le comunica la cita de Germán con Angelita. Cuando aquélla se dispone a correr hacia el lugar de la cita llega Miguel, muy triste. Aurora teme que haya matado a Germán. Pero Miguel confiesa que su dolor es porque se ha dado cuenta de la perversidad de Angelita escuchando el diálogo de éste con Germán: éste le pidió que dijera la verdad a Miguel y ella no quiso. Lo oyó todo y ahora comprende que Germán es inocente.

Éste y Aurora serán felices a partir de ahora, como lo son los recién casados Damián y Catalina.

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Katiuska

Los bolcheviques han tomado el poder y han impuesto un régimen que grava con fuertes impuestos a los campesinos. Como consecuencia, el hambre y la guerra obligan a muchas personas a abandonar el país. Pedro Stakof, comisario soviético llega de Kiev, al pequeño mesón sin identificarse.

A pesar de su fervor revolucionario, él anhela la paz de un hogar y el amor de una buena mujer. El anuncia que el príncipe y otros nobles condenados han escapado y están ocultos en la zona. El príncipe Sergio busca refugio en el mesón acompañado por Katiuska, una muchacha joven que vivía con su abuela, asesinada por los soviets. Ella fue rescatada por el príncipe Sergio, que la deja al cuidado de la dueña de la posada. Una tropa de soldados del ejército rojo llega buscando bebida. Katiuska, creyendo que han capturado al príncipe, sale y es acosada por los soldados. En ese momento llega Pedro que defiende a la muchacha, amenazando a los soldados, y los persuade para que se vayan, abogando a su patriotismo.

A medianoche, Pedro aparece con los soldados, trayendo al príncipe preso. Lo encierran en uno de los dormitorios y ponen un vigilante. Katiuska recrimina a Pedro su acción, pero éste defiende valientemente sus ideales.

Finalmente admite su amor, pero cuando Katiuska pide a Pedro que perdone la vida del príncipe y abandone Rusia con ellos, el comisario se niega a tal proposición. Los soldados piden la detención de todos los aristócratas, pero Pedro los contiene, en ese momento crucial un comisario superior aparece en escena con refuerzos. Pedro es acusado de traición y arrestado. Pedro y Katiuska se abrazan, haciendo voto de no separarse nunca mas.

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El Cantar del Arriero

Próximo a la vejez, Blas, es dueño una Venta, situada en la carretera que conduce a Puebla de Sanabria, que es frecuentada por arrieros, y a los que Blas no ve con buenos ojos.

El ventero, viudo y con una hija, tiene depositadas todas sus ilusiones en ella. La muchacha, llamada Mariblanca, es buena y cariñosa con su padre, a quien brinda total obediencia y cariño. Braulio, mozo de confianza del ventero, es el fiel criado que y se siente orgulloso de servir a su amo. Gloria es otra muchacha que sirve en la Venta, y tiene Braulio a mal traer, por Sus coqueteos con los demás mozos del lugar y con algún que otro arriero de los que de paso en la venta. Es Anselmo, entre los mozos del lugar, lo más serio y formal que pueda desearse. Y en quien se fijó en Mariblanca, con la que no pierde la ocasión de ser agradable a la joven. El cariño surge entre los dos jóvenes, y Anselmo adora a su novia.

No son muy del agrado de Blas las relaciones de Anselmo con Mariblanca, ya que el muchacho no posee ningún bien de fortuna, pero incapaz de quitar un gusto a su hija, no llega a oponerse con resolución a que estas relaciones continúen.
El día en que se celebra el santo de Mariblanca, la venta está de fiesta. Mozas y mozos, vienen con bailes y canciones a festejar a la hija del ventero. Blas ante la posibilidad de su viaje aquella misma noche, le hace la recomendación a Braulio, de que cierre la venta a todo arriero.
Efectivamente, ante la ausencia del amo, la venta está cerrada. Se interrumpió la fiesta, con el anuncio de la próxima llegada de los arrieros, por el sonido de campanillas lejanas que se van acercando poco a poco.

Cuando llegan Lorenzo, "Cigüeño" y Tomás con los demás arrieros frente a la puerta de la Venta, sólo un silencio sepulcral, como de lugar deshabitado, les recibe. Las intenciones del jefe de los arrieros no son muy buenas, ya que se desvió a propio intento de su ruta normal para hacer un alto en la venta. Tiene conocimiento de la belleza de Mariblanca, y como hombre de poco escrúpulo en cuestiones de faldas, y acostumbrado a hacer su voluntad, de grado o por la fuerza, no reparó en perder unas horas en su caminar para correr la aventura que se propone. Mariblanca quien ordena a sus criados que abran la puerta a los arrieros y les franqueen la entrada en la Venta, si así lo desean. Lorenzo, conseguido su primer propósito, trata con gran dulzura a la joven. Al poco de estar los arrieros saboreando el vino que les fue servido, se presenta Anselmo, al frente de otros mozos, a rondar a su novia. Esta sale a recibir a su prometido, quien, orgulloso, hace gala del cariño que profesa a Mariblanca.

El despecho que siente Lorenzo es torpemente disimulado, retando a Anselmo a que haga con él un alarde de fuerza y destreza de pulso. Ante la osadía del arriero, y a pesar de la oposición de Mariblanca, que quiere evitar a Anselmo la reyerta con el pendenciero Lorenzo, el muchacho comienza a medir sus fuerzas con su rival, siendo vencido, ante el regocijo de los arrieros y la consternación de los mozos. Esta humillación, sufrida por Anselmo ante su novia, es lo que buscaba Lorenzo. Anselmo, dándose cuenta de las intenciones de su rival, le reta a una lucha a muerte para defender a su novia. El arriero amenaza lograr su propósito a pesar de toda oposición.

La oportuna llegada de Blas, que no efectuó el viaje anunciado, corta la tirante situación. Blas pone en manos de Anselmo la custodia de Mariblanca. El mozo jura defenderla con su vida. A poco, se presenta en la Venta un fraile falso, ya que se trata de "Cigüeño", uno de los secuaces de Lorenzo, quien sigue en su propósito anterior de ultrajar a Mariblanca. El tal "Cigüeño" es el encargado de franquear la entrada en la casa de la muchacha a su jefe y demás gente arriera en un momento determinado.

Lograda la primera fase del plan concebido por Lorenzo, y cuando incluso tiene en su poder a Anselmo aprisionado entre dos de sus hombres y a Mariblanca desmayada y a merced suya, la aparición del ventero le detiene en su intento.
Blas hace saber a Lorenzo que la mujer que tiene ante él es su propia hija, fruto de la mala acción que años antes cometiera. Esta confesión final hace que Lorenzo desista de su propósito, y arrepentido de la mala acción que iba a cometer, haga votos por la felicidad de Anselmo y Mariblanca, abandonando la venta.

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La Parranda

Aurora es una obrera en la alfarería de Manuel, un rico ya maduro, mas amante de la juerga que de la formalidad que por su edad le debería tener. Aurora vive sola, no tiene familia en el pueblo y llegó sin que su pasado sea conocida por persona alguna del lugar. Manuel hace tiempo que puso sus ojos en la belleza de Aurora, su empleada, insinuándose a ella en más de una ocasión, pero sin tener respuesta positiva. Este desprecio, es el que hace que cada día Manuel esté mas interesado por Aurora.

Manuel sospecha que Aurora tiene en su pasado algo que esconder, y Cuco, viejo prendero y usurero de profesión, que tiene una tienda de baratijas en el pueblo, es quizás la única persona que sepa del pasado de Aurora, por ello, más de una vez pensó Manuel en tomar información que le interesara por medio de Cuco, a sabiendas de que le costaría su buen dinero.

Entre el personal de la alfarería, los mejores amigos de Aurora, son Carmela y Retrasao, una joven pareja de novios, que la tienen gran afecto. Tampoco es indiferente Miguel, muchacho formal y trabajador, que en mas de una ocasión a dado a la joven muestra de interés en agradarla y del que está enamorada Aurora. El amor que se tienen Aurora y Miguel, no tarda en llegar al conocimiento de Manuel, que colma su paciencia y cambia sus palabras zalameras, por faltas de respeto, a las que se enfrenta Miguel e forma violenta, terminando en una disputa entre los dos hombres, que la oportuna intervención de Carmela y Retrasao, impide que llegue a mayores. Pero trae como consecuencia que Aurora y Miguel, queden despedidos de la fábrica.

Manuel no soporta la posibilidad de que Aurora se aleje de él y hace que aumente su interés por averiguar su pasado y buscar una forma de vengarse.

Aurora tiene un posado, y que ella le teme, y aún no ha sido capaz de confesárselo a Miguel. Y confiesa lo que ella cree que es su culpa, pero no a Miguel, sino a Don Ventura, cura del lugar, quien promete dedicarse a corregir este error que ella cree que cometió.

Entre tanto, Miguel se ha hecho cargo de la huerta de la labranza “El Rento de la Alberca”. Gracias a su esfuerzo ha conseguido enderezar una tierra que estaba muerta por el abandono en que estaba y hoy es el orgullo de toda la comarca. Aurora es feliz, se va a casar con Miguel. Pero tiene una inquietud, ya que sabe que Manuel trabaja en la sombra para deshacer su felicidad.

Don Ventura ha asegurado a Aurora que su problema ha quedado resuelto y que nada tiene que temer. Llega el día de la boda, y en “El Rento de la Alberca”, todo es alegría, Carmela y Retrasao, que están al servicio de Miguel, se afanan por preparar el convite, en espera de que los novios regresen de la iglesia.

Mientras se esta celebrando la ceremonia del enlace, aparece en la huerta Manuel, quien se encara con Cuco, increpándole porque el viejo usurero se ha puesto de parte de Aurora, y es ahora uno de sus mas firmes defensores. Cuco tenia una antigua deuda pendiente con Manuel, y ahora se la ha cobrado. El mismo se encargó de comunicar a Manuel que en aquel momento Aurora y Miguel, se están casando.

Manuel cree que tiene suficientes armas para consumar su venganza, ya que algo ha averiguado de Aurora, y aunque no ha podido llegar a tiempo para evitar la boda, procurará deshacerla más tarde. Con esta amenaza se aleja de Cuco.

Vuelve el cortejo nupcial y todos contentos se preparan a celebrar el baile y comilona el feliz acontecimiento.

Don Ventura también es feliz, porque tiene algo de parte en la felicidad de Aurora. Pero la alegría general que reina en la huerta, es cortada por la aparición de Manuel, que viene acompañado por el juez del pueblo y una pareja de guardias, que traen una orden, para detener a Aurora. Miguel se opone, pero la que ya es su mujer es detenida.

Ante el natural asombro de todos los invitados, Aurora que temía ese momento, se opone a que Miguel cometa un disparate, y hace confesión publica del delito que cometió y que motiva su detención.

Siendo casi una niña, la casaron con un hombre contra su voluntad, y solo porque era rico. Este hombre, de malas costumbres y vida licenciosa y deshonesta, no era amor lo que le trajo al matrimonio. El mismo día de la boda, mientras la gente se divertía y ella se moría de pena, el novio se dirigió borracho hacia un pobre mozo que miraba a la novia con una insistencia exenta de malicia y sin mediar palabra y casi a traición, le clavo su navaja matándole en el acto. El criminal fue preso y condenado a cadena perpetua y ella no le volvió a ver.

Poco después murieron sus padres y ella quedó sola, por lo que abandonó su ciudad y llegó al pueblo, donde conoció a Miguel .

El juez, que cree en la inocencia de Aurora, puesto que según el cura, el Papa ha autorizado la disolución del matrimonio anterior, no tiene mas remedio que llevarse a Aurora para solucionar el caso.

El dolor y la rabia de Miguel son infinitos, pero los consejos de sus amigos le calman. Pasan los días, Miguel esta impaciente esperando el regreso de Aurora, pero quien llega es Manuel, quien le confiesa su arrepentimiento. Y Miguel sigue esperando, porque sabe que Aurora es inocente.

 

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La del Manojo de Rosas

Nos encontramos a mediados de los años treinta en una plaza del Madrid castizo. Ascensión, una chica guapa, joven y salerosa, regenta una floristería. Frente a ésta se encuentra un taller mecánico donde trabaja Joaquín, un apuesto muchacho que, aún gozando de buena posición social y económica, se hace pasar por mecánico con el fin de conquistar a Ascensión, y así no herirla, ya que ésta, aunque antaño gozó de una clase social muy alta, ahora la vida ha dado un giro y pertenece a una humilde familia.

Por otro lado aparece Ricardo, un joven galán al que la vida le sonríe, y se nos presenta como otro candidato a conseguir el corazón de la joven protagonista. Tanto el padre de ella, don Daniel, como su elevada posición social son favorables en la lucha por el amor de Ascensión. Aunque la chica se inclina a favor de Joaquín por ser de su misma clase social, un día descubre el engaño de éste, momento en el que ella renuncia a él al sentirse dolida.

La suerte da un giro que hace cambiar la posición social de los personajes, y por tanto las decisiones que éstos han de tomar. Entre la floristería y el taller se encuentra un bar del barrio donde todos los personajes más pintorescos aparecen por ahí, como es el caso de Espasa, un señor que trata de evitar toda palabra castiza o vulgar y sustituirla por tecnicismos, lo que provoca la risa al espectador continuamente.

Un sainete divertido, con personajes que hacen gozar al espectador y que a su vez encierra una finalidad didáctica: elegir con el corazón o la razón a la persona con la que compartirás todas las adversidades y alegrías de esta vida.

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Gigantes y Cabezudos

Es la zarzuela aragonesa por excelencia. En ella se retratan tanto las costumbres de la época como el carácter terco y cabezudo de los aragoneses.

La acción comienza en la Plaza del Mercado de Zaragoza, donde la Autoridad y las vendedoras discuten sobre un aumento de impuestos que pretende el ayuntamiento. Allí aparece Pilar, que habla con sus compañeras de su novio, Jesús, reclutado en la Guerra de Cuba, y del que acaba de recibir una carta suya. Por la plaza anda también el Sargento, amigo de Jesús, y que está encaprichado con Pilar y hará todo lo necesario para conseguirla, mintiendo al darle noticias sobre Jesús.

Jesús regresa de Cuba con sus compañeros repatriados a España. Se encuentra con el Sargento, que le miente sobre Pilar e intenta convencerle de que se vaya de Zaragoza.

Son las Fiestas del Pilar y todos acuden a la Basílica para festejar a su Patrona. Pilar y Antonia sospechan que Jesús está en la Ciudad y que el Sargento se trae algo entre manos, por ello cediden tenderle una trampa para poder así descubrir el engaño.


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Marina

Acto I.  Amanece en la playa de Lloret de Mar. Los pescadores cantan. Marina, huérfana de un marino, espera el regreso de Jorge, joven capitán de barco que se ha criado junto a ella como un hermano. Marina confiesa a su amiga Teresa estar secretamente enamorada de Jorge; el joven, también ama en silencio a Marina.

El capitán Alberto, amigo del padre de marina, viene a despedirse antes de hacerse a la mar. La muchacha le pide que le entregue  una carta de su padre que él conserva, y que ella desea tener como recuerdo; Alberto contesta que pronto se la dará y se marcha tras despedirse cariñosamente de Marina.

Pascual, que ha escuchado la conversación y que está enamorado de Marina, cree que Alberto es su amante. Marina lo niega, pero para saber si Jorge la ama, sugiere a Pascual que pida su mano a Jorge: si se la concede, será su esposa. Con esta argucia, Marina intenta que Jorge revele sus sentimientos hacia ella.

El barco de Jorge atraca y es recibido con alegría por los hombres y mujeres de la aldea; él contesta con entusiasmo cantando a su tierra. Pascual no pierde el tiempo y pide a Jorge la mano de Marina; éste, aunque con pena, accede al matrimonio. Pascual se retira para dar la noticia a su madre, mientras Jorge canta la veleidad de las mujeres.

Acto 2.  Dedicados a sus tareas, los trabajadores de Pascual reciben del capataz la noticia de la boda con Marina y les da el día libre. Marina no oculta su disgusto mientras recibe la felicitación de los trabajadores. Jorge, por su parte, nervioso, confiesa a los presentes que Marina siempre será bien recibida en su casa, donde se crió. Pascual pide a Marina que vaya a ver a su madre, que está impedida, y Jorge, queda solo, abatido y desolado.

Acto 3 . En una taberna de la playa los marineros cantan alegres; Jorge, entre ellos, bebe para olvidar sus penas de amor. Marina intenta que Jorge deje de beber pero ni lo consigue, ni tampoco es capaz de averiguar el nombre de la mujer que atormenta a Roque, también desesperado.

Un marinero aparece buscando a Marina para entregarle una carta de parte del capitán Alberto. Pascual le intercepta y al leer la misiva, llena de afecto y firmada por “Alberto” (así se llamaba también el padre de Marina) cree que la joven se relaciona con el capitán. Sus celos le llevan a anunciar que rompe su compromiso con la joven, quien tímidamente se defiende, aunque en el fondo se siente liberada. Al marcharse Pascual, toma la carta y revela a Jorge quién es el Alberto que la firma. Los jóvenes se declaran. Los marineros y las gentes del pueblo preguntan si habrá boda: Jorque responde que sí, aunque el novio será él.


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Luisa Fernanda

Acto 1º.- En la Plazuela de San Javier, la vida gira alrededor de la posada regentada por Mariana. Luisa Fernanda, una bella joven inquilina de la posada, está enamorada desde antiguo de Javier, militar que se considera su novio, pero que cada vez viene menos a visitarla, en particular desde su ascenso a coronel. En un momento en que Luisa Fernanda ha ido a la iglesia, aparece Javier por allí, logrando únicamente una reprimenda de Mariana por su informalidad. Por si lo anterior fuera poco, Aníbal, otro inquilino de la posada, le aplica un entusiasta pero atolondrado discurso liberal, ideología de la que es ferviente seguidor. Esta última conversación acaba cuando Aníbal se percibe de que la Duquesa Carolina, que vive enfrente de la posada y tiene una declarada ideología monárquica, está en la ventana y podría oírles.

Mariana preferiría que Luisa Fernanda, en vez de seguir bebiendo los vientos por Javier, atendiera los requerimientos de Vidal Hernando, un rico hacendado extremeño que la pretende, a pesar de ser bastante mayor que ella. Luisa Fernanda no cede y manifiesta a Vidal que está enamorada de otro hombre.

Vidal no pierde la esperanza, y, por ello, al enterarse por Aníbal de que Javier podría abrazar la causa liberal, se declara monárquico, menos por convicción personal que por llevar la contra a su antagonista.

Javier vuelve de nuevo en busca de Luisa Fernanda, pero se encuentra con Carolina que, mediante sus artes y encantos le despista de Luisa y de paso le atrae hacia la causa monárquica. Nogales, Aníbal y Vidal se asombran de ello al enterarse, y este último torna al punto sus ideas, declarándose liberal. Luisa Fernanda cuando se entera cae desmayada, no por política, por cierto.

Acto 2º.

En el Paseo de la Florida, cerca de la Ermita de San Antonio y del puesto de bebidas de Bizco Porras, Mariana y Rosita tienen montada una mesa petitoria durante la verbena de San Antonio. El ambiente del lugar es festivo, y numerosas jovencitas acuden a la ermita con la idea de encontrar novio.

Por allí aparecen Javier y Carolina, en clara sintonía política y romántica. Mariana, chafardera, no pierde tiempo para poner a Luisa Fernanda y a su padre, Don Florito, al tanto de este hecho. Mientras tanto Bizco Porras atiende el negocio y Aníbal no le sirve de mucha ayuda.

La Duquesa se hace cargo de la mesa petitoria, e intenta seducir también al recién llegado Vidal, con el fin de atraerle a su causa monárquica. Sin embargo, éste se zafa, contando la historia de un hombre de su pueblo que se creyó golondrina, y cayó de una rama al intentar volar (el que se cree lo que no es, se estrella).

Cuando finalmente se encuentran por el lugar Luisa Fernanda y Javier, éste demuestra celos porque ella esté sentada con Vidal y su actitud la molesta tanto, que rompe sus relaciones, y se decanta por Vidal. La situación es tensa entre los dos pretendientes.

Mientras tanto, la Duquesa Carolina no está satisfecha por la recaudación de la mesa, por lo que se le ocurre subastar un baile con ella entre los caballeros que allí se encuentran. Vidal gana la subasta con una fuerte puja sobre la anterior de Javier, pero después le cede ofensivamente el baile ganado. Esto acaba de enojar a Javier, hasta el punto que arroja su guante a Vidal. Éste lo recoge, pero dilata a otro momento la disputa.

Unos días después hay un estallido revolucionario, en el que participan Nogales, Aníbal y Vidal Hernando de la parte liberal. Mariana y Luisa Fernanda quedan rezando el rosario en la posada. A pesar de la valentía de que hace gala Vidal, los revoltosos son pocos, y pronto son derrotados por el ejército, siendo Aníbal herido. Javier pretende detener a Vidal por estos hechos, pero Luis Nogales se declara cabecilla de los insurrectos y es detenido en su lugar.

Luisa Fernanda ve a Javier abrazando a Carolina, lo que, junto a la valentía demostrada por Vidal,la decide finalmente a aceptar su propuesta de matrimonio y viajar a Extremadura.

Acto 3º.

La Gloriosa revolución ha triunfado al fin, y la acción se traslada a La Frondosa, dehesa de Vidal Hernando en Extremadura, donde están refugiados Luisa Fernanda y su padre, además de Mariana y Aníbal, en espera de que las aguas se tranquilicen en la Capital. La Reina ha sido destronada. La Duquesa Carolina ha huido a Portugal, y Javier está desaparecido, dándosele por muerto en la Batalla Alcolea

Vidal recibe las felicitaciones y parabienes de sus labriegos y se respira una gran sensación de felicidad en la dehesa. Los preparativos del enlace avanzan, y Aníbal es enviado a buscar el traje de novia de Luisa Fernanda.

Sin embargo Aníbal encuentra, y vivo, a Javier y le lleva a la dehesa. Aunque Luisa Fernanda insiste en mantener su palabra y casarse con Vidal, éste se da cuenta de que, a pesar de la sinceridad de su voluntad, ella jamás llegará a amarle de verdad, pues porta en su corazón aún el amor antiguo a Javier. Renuncia Vidal, por tanto, al matrimonio, y consiente dolorosamente que el arrepentido Javier se lleve finalmente a Luisa Fernanda, llevándose de paso consigo el corazón destrozado de Vidal, del cual, no obstante, la joven no debe temer nada, porque «un corazón que perdona no es una carga que pesa» .

 

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La Alegría de la Huerta

La obra se inicia con Piporro y Troncho, que son amigos y compañeros de fatigas, bebiendo de una bota de vino que han encontrado en casa de Piporro. Troncho cuenta a su amigo que está enfadado con Carola, porque ésta pretende casarse con un mozo sin decirle nada a Alegrías, el cual está enamorado de ella, pero debido a su timidez nunca se ha atrevido a declarársele. Carola y Alegrías son dos jóvenes que se han criado juntos desde pequeños.

Aparece Heriberto, compositor de poca monta y director de la banda de música del pueblo, y al que los demás miran con extrañeza dado que no son muy aficionados a la música. Heriberto, habla sobre sus grandes aspiraciones musicales, También aprovecha la ocasión para explicar detalladamente la fiesta que va a tener lugar en el pueblo y en la que piensa estrenar el pasodoble que esta componiendo y que está ensayando con aficionados de la comarca, para tocarlo por primera vez el día de las fiestas de la Fuensanta. El pasodoble está dedicado a Juan Francisco, hijo de un rico hacendado del pueblo, el cual la ha prometido que utilizará su influencia para que Heriberto pueda ir a Madrid a continuar con sus estudios musicales. Agradecido Heriberto, intercede entre Carola y Juan Francisco, que se comprometen en matrimonio, cansada Carola de esperar a que Alegrías la declararle su amor.

Poco después Carola, canta su amor por Alegrías, mientras Troncho, que está al corriente de todo lo que sucede en el pueblo, recrimina a Carola su comportamiento, contestando ésta que no ha tenido otra opción, dado que Alegrías no se ha decidido a declararla su amor, aunque ella le ama y quiere casarse con él y no con Juan Francisco.

Seguidamente podemos ver a Heriberto, intentando ensayar el pasodoble por el compuesto, pero los músicos que Heriberto ha seleccionado no entienden su creación e interpretan la obra a su aire, con el consiguiente enfado del compositor, al ver que ver cómo su composición no es no apreciada ni comprendida, ni por los músicos ni por sus paisanos, que se ríen a carcajadas durante el ensayo.

Después de hablar con Carola y conocer sus verdaderos sentimientos, Troncho va en busca de Heriberto, al que considera responsable del compromiso entre Carola y Juan Francisco. Llega en el momento justo de mayor enfado y exasperación de Heriberto, pues los músicos de la banda y el público que se han congregado para ver el ensayo están todos riéndose de él. Troncho aprovechando el ambiente se disfraza de cabezudo y arremete a golpes contra el director. Las risas y el jolgorio aumentan de tono y Heriberto se ve obligado ha abandonar el lugar corriendo, seguido por Troncho, disfrazado de cabezudo, ante las risas de los alli congregados.

Carola busca a Alegrías con el firme propósito de aclarar las cosas, pero Juan Francisco, que ha sido avisado por Heriberto de que su prometida no está del todo segura de su amor hacia él, va en su busca para impedir que ésta vea a Alegrías. Carola, conociendo cómo es Alegrías y después de hablar con Juan Francisco cede y decide quedarse con él aunque no le ama, pero con la certeza de que con Juan Francisco nunca la faltará de nada.

Troncho informa a Alegrías que Carola ya se ha comprometido formalmente con Juan Francisco, El joven al tener conocimiento de la noticia y ante la imposibilidad de soportar el ver a su amada con otro, decide abandonar el pueblo.

Ha llegado en día de la Fuensanta, el día de la fiesta y todos los habitantes del pueblo muestran su regocijo. Alegrías, lleno de tristeza y abatimiento se dispone a dejar el pueblo, pero en el momento de la marcha se cruza con Carola y Juan Francisco. Carola, al ver que Alegrías se va, y ante el peligro de perderlo para siempre, confiesa a Juan Francisco que a quien quiere realmente es a Alegrías y no a él, y le pide que rompan su compromiso. Juan Francisco comprende a Carola y accede a lo solicitado por ella, permitiendo que se una en matrimonio con Alegrías. Heriberto finalmente consigue estrenar su composición, en medio de un ambiente festivo, siendo su pieza una de las atracciones de la fiesta, con todo el pueblo congregado en la plaza para no perderse el espectáculo.

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Los Claveles

El argumento se basa en una doble historia de amor.

La principal es la de Rosa, joven y hermosa obrera de la fábrica de perfumes "Los Claveles" de Madrid, absolutamente poseída de su belleza y de la fascinación que ejerce sobre los hombres, lo cual le permite jugar a su antojo con el corazón de sus enamorados. Entre estos se encuentra Fernando, el apuesto cajero de la fábrica, quien no está dispuesto a que Rosa juegue también con sus sentimientos. Al enterarse por una compañera de la joven de que esta pretende burlarse de él y de su amor, al igual que hace con todos, Fernando toma la decisión de adoptar una actitud de aparente frialdad y desprecio hacia la muchacha, actitud que acaba por enardecerla.

De este modo, lo que Rosa pretendía que fuese, como siempre, burla y juego, se convierte en martirio y desesperación ya que al verse despreciada por el galán, es cuando se da cuenta de que está locamente enamorada de él. Pero Fernando se mantiene firme y se permite, incluso, darle achares. En cierta oportunidad en que el joven acude a una cita preparada por Rosa, esta ve como al final Fernando la deja plantada y se va del brazo de otra mujer tan guapa como ella.

La mujer no es otra que una hermana de Fernando pero como Rosa ignora este detalle, el ataque de celos es monumental y se jura a sí misma que Fernando acabará siendo suyo aunque le cueste la vida. La hermosa obrera termina confesando su amor a Fernando y ofreciéndole abiertamente su corazón. Cuando el cajero se convence de la sinceridad de los sentimientos de Rosa y de que la muchacha está ya curada de su insoportable vanidad, acepta el amor que le ofrece y se casa con ella.

La otra historia paralela se refiere a los amores de la pareja cómica, Jacinta y Goro, amparados por la "señá" Remedios, madre del chico. Cuando Goro le comunica a su padre, Evaristo, que piensa casarse con Jacinta, este pone el grito en el cielo y se lo prohíbe terminantemente, alegando que Jacinta es hija suya y de otra mujer que no es la "señá" Remedios y, por lo tanto, hermana de padre de Goro. Dado el fuerte carácter de su esposa y temiendo sus seguras represalias, Evaristo pide a Goro que no descubra este secreto a su madre. Pero cuando el chico, en actitud grotescamente desesperada, comunica a su madre que, por razones que debe ocultar, no puede casarse con Jacinta, la "señá" Remedios acaba sacándole la verdad y aclarándole después que, aún en el caso de que Jacinta fuera hija de Evaristo, no habría ningún impedimento para la boda puesto que quien no es hijo de Evaristo es él, Goro, ya que es fruto de los amores de la "señá" Remedios con otro hombre que, actualmente, vive en Barcelona. Ante esta nueva situación, Jacinta y Goro se casan y tanto Evaristo como la "señá" Remedios aceptan sin rechistar la descubierta infidelidad de cada uno con respecto al otro.

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La Dolorosa

La obra se desarrolla en Aragón y la obra se inicia en un convento, donde el hermano Rafael esta pintando un cuadro de la Virgen Dolorosa, con gran admiración por parte de Perico. Éste contempla el lienzo y piensa que aquélla puede ser su obra maestra ya que tiene más vida y más humanidad que cualquiera de los otros cuadros de Rafael.

Aparecen el Prior y fray Lucas. Fray Lucas está convencido de que los pinceles de Rafael los mueve Lucifer, ya que en los cuadros de Rafael, imágenes de vírgenes siempre, hay más humanidad que devoción. El prior por su parte está convencido de que el claustro es jaula estrecha para Rafael. Le pide a Rafael que explique lo que desea pintar, cuál es su idea.

La explicación de Rafael despierta la indignación de Fray Lucas, y el prior, mientras se alejan, trata de calmarlo. Regresa Perico y tras un diálogo con el hermano Rafael donde éste le promete enseñarle a pintar.

Mientras Perico recoge los trastos de pintura, aparece Nicasia, su prima, que está enamorada de él y no pierde oportunidad para dárselo a entender.

Ambos novios están ensayando como deberán ponerse para el retrato de boda, cuando llega Bienvenido, padre de Nicasia, que se enfurece al verlos abrazados, y mal habría acabado Perico si en ese momento no aparece también José, el padre de Perico, quien opina que si los chicos se quieren hacen bien en ponerse de novios para poder llegar a casarse y que ellos, sus padres, deberían ayudarlos.

Tras este diálogo, queda Perico sólo y aparece Rafael que viene con intención de comenzar las clases de dibujo de Perico. En esto llega con gran excitación José a contarles que una mujer con un niño en brazos que iba de camino, había caído agotada ante su puerta, aparece Juana ayudando a la mujer que había caído, y Rafael reconoce en esta desconocida a Dolores.

Cometiendo una enorme equivocación, Dolores entregó a otro hombre su corazón y ahora ese hombre se va a casar dejando a Dolores abandonada con un hijo. Ella, sin poder aguantar más los sufrimientos que soportaba en su pueblo, huye sin dirección fija con su pequeño.

En el pasado Rafael había amado intensamente a Dolores y por todo lo acontecido había decidido entrar en el claustro como novicio aspirando a una vida religiosa y mientras pinta cuadros de vírgenes que son el retrato vivo de Dolores.

En el jardín del convento, una vez anochecido, Nicasia llama a Perico, que recoge flores para hacer un ramo a la virgen y otro para Nicasia. Llegan Dolores y Juana, marchando esta última, que deja sola a Dolores. Aparece Rafael. Dolores está muy agradecida por la ayuda que el propio Rafael les ha brindado a ella y a su hijo. Rafael, compadecido de ambos, le pide a Dolores que regrese junto al padre de la niña, pero ella se niega maldiciéndolo por haberlas abandonado.

En el interior del convento el prior piensa en voz alta sobre Rafael y sospecha que en el fondo Rafael no tiene vocación y ingresó en el convento para escapar del recuerdo de un antiguo amor. Llega Rafael, y el prior le recrimina el haber faltado al rezo y Rafael le pide que lo escuche en confesión. Y le confiesa que, había buscado la paz en el convento para olvidar, pero que el reencuentro con Dolores y su hija le ha hecho despertar de nuevo su amor.

El prior le confiesa que siempre creyó que no servía para la vida monacal, que afortunadamente solo es un novicio y está todavía a tiempo de seguir los dictados de su conciencia y que tanto en el monasterio como en el mundo, tendrá sus bendiciones para él.

Rafael decide abandonar el convento y unirse con su amada Dolores.


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Antología Lírica

Foto Antologia   Fragmentos y romanzas de diversas zarzuelas.

 

 

 


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